2/28/2026

Manual del anfitrión de la Corte Zamorana: entre el lujo y el “ya no puedo más, dame otra copa de vino y que todo ruede”

Recibir a nuestros amigos y familiares en Zamora durante la Pasión es un acto social que nos llena de satisfacción; es un ejercicio de alta diplomacia. Para ser el anfitrión perfecto en las altas esferas o al menos parecer que uno desciende directamente del marqués de las Marismas, hay que dominar el arte de la puesta en escena y la sutil despedida. Lo primero es lo primero: si no puedes deslumbrar con tu linaje o tus escudos heráldicos… deslúmbralos. Saca la mejor artillería de casa, eso que solo ve la luz cuando el Barandales empieza a ensayar. La servilleta de hilo debe tener tanto almidón que, si se cae al suelo, se mantenga de pie e incluso pueda ocasionar una cornada envainada. El cristal ha de estar tan transparente que el invitado dude si hay copa o si el vino flota en el aire por obra del Espíritu Santo. En Semana Santa, los menús deben ser sencillos, humildes, de aprovechamiento. Ya tendremos tiempo de vieiras con puré de apionabo y crema de aceituna negra, o de foie con reducción de Oporto. Ahora toca demostrar que nos gusta, lo disfrutamos y que somos anfitriones de Castilla y León y lo que eso significa: prudencia, sencillez, contención, arraigo… y nada de horteradas ni cursilerías. No olvidemos que somos la cuna de España. Es tiempo de sorprender con patatas a la importancia, fabada, huevos fritos… Eso sí, servidos en porcelana fina, que eleva el plato a categoría de manjar de Palacio Real. En la corte todo es más sencillo y humano; eso dice nuestro rey D. Juan Carlos I en sus memorias. Lo que no se tiene, se simula con elegancia arrolladora. La generosidad zamorana ofrece hasta lo que no tiene, pero con la autoridad suficiente para impedir abusos. Dicen que somos parcos en ofrecimientos y comportamientos. Escuchamos, nos interesamos, aunque nos importe un rábano, y, sobre todo, evitamos ofender. Además, hemos perdido la mala costumbre de preguntar nada más llegar: ¿Cuándo te vas?, antes incluso de que el amigo haya dejado la maleta. A mí, cuando era joven, era sorprendentemente lo primero que me espetaban. Haga gala de esa personalidad arrolladora que todos llevamos (aunque algunos la guarden en un cuarto oscuro). Cuéntales historias de la ciudad con ese aire de superioridad intelectual que da el haber nacido viendo pasar a nuestros artistas e intelectuales. Que sientan que estar contigo es un privilegio. Hay que tratarlos como reyes. Entrégales una bolsa con aceitadas para el viaje, un gesto de magnanimidad absoluta. Y recuérdales que el silencio de noviembre o febrero, con el rumor del Duero de fondo, es un privilegio que solo los zamoranos entendemos, porque nos permite meditar sobre la Pasión. Si algo distingue al buen anfitrión zamorano estos días es su capacidad de mantener la percha de embajador mientras se maneja en el lodo de la multitud. Salir cada mañana con la prestancia de quien acude a un cóctel en la Embajada Francesa, pero con la cintura necesaria para sustituir el mignon de pato y el Moët por la religión del tapeo local. La etiqueta para el vermú diario en las altas esferas de la capital del Duero dicta que el uniforme debe ser impecable y el estómago, de hierro. Cambiaremos las ostras por la tortilla del Bar El Chillón y el champán por la grasa bendita de los torreznos del Bar Cuadros. Ninguna recepción oficial supera unos tiberios en su salsa o las patatas del Bar Bambú, comidas con la elegancia de quien sostiene un canapé en el Elíseo pero con el hambre de quien lleva tres procesiones encima. El ritmo es frenético. Cuélgate el terno, el abrigo de paño o el de pluma, incluso la más pura fibra sintética y no olvides la sonrisa mientras se encadenan cañas y vinos hasta las cuatro de la tarde. Y, sobre todo, no pierdas la compostura. El tour avanza como una etapa reina del Tour de Francia cuya meta es llegar a la mesa. Esta no debe ser un despliegue de abundancia. No: la calidad ha de preceder a la cantidad. Poco, excelente y de nuestra cosecha. La vuelta a casa a la hora del almuerzo, el repliegue, está reñida con comer como si no hubiera un mañana. Poca cantidad, por deferencia a la cocina, y entregarse al sagrado descanso soñando que nadie moleste. Aquí entra en juego la farmacopea oficial del anfitrión: paracetamol, Lexatin, Orfidal e ibuprofeno para los primerizos. Sin este postre no hay cuerpo que aguante el cambio de tercio. Tras la siesta, el anfitrión muta. Unos reajustan el nudo de la corbata; otros, con misticismo de alta alcurnia, se enfundan la túnica reglamentaria, pasando de la vida social al recogimiento del caperuz sin despeinarse. Si tu hermano soñaba con que Giorgio Armani le confeccionara la túnica, mala suerte. Es normal sentir pena cuando un deseo así ya no puede cumplirse, aunque seguirá siendo impecable en la calle y en la procesión, más ahora que tiene el corazón puesto al día. Ya no tenemos italiano, pero casi: por su cercanía al Vaticano, Sor Mercedes es una oportunidad. Tal vez no tenga la fama ni el estilo internacional de una casa como Armani, pero posee buen dedal, buen humor y una rotundidad que hacen que su túnica no sea tan «creativa y sobria» como imagina Chagüi, pero sí algo que ninguna gran firma garantiza: afecto y mano divina. Si nuestros familiares se ponen intensos y suplican ver la procesión de la noche cuando la cosa se pone densa, un buen anfitrión de alta esfera empieza a hablar de lo bien que retransmite 8TV, de cómo Rafa Santiago y Cristina Calvo hacen la espera super agradable. ¿Dónde se va a estar mejor que en casa, calentito, cómodo y sin congelarse en la calle, con las manos heladas y comiendo pipas sin parar para no quedarse sin reservas en la noche zamorana? Olvida por unos días los ambientadores mikados. Que tu casa huela a cera e incienso, a un estatus que solo el hilo fino puede conferir. Y cuando por fin enfilen la salida de la ciudad, llegue el último día, respira hondo, guarda la cristalería y piensa: «Qué buen anfitrión soy; hasta el año que viene no pienso abrir la puerta a nadie más». Acompáñalos hasta la puerta, incluso hasta el coche, con una sonrisa que diga «os quiero» y unos ojos que susurren «la paz sea con vosotros (y lejos de aquí)». Ten preparados recursos por si desean prolongar la estancia: «Mañana dará malísimo», «el frío será inusual», «la carretera estará peor», «hoy vais más tranquilos» —aunque no sea cierto—. Indicarles la salida por si acaso. Esa siembra psicológica es persuasiva y no resulta de mala educación. Llegaremos al último día falto de sueño, agotados de tanto recibir, con las ojeras por el suelo y, por supuesto, sobrados de peso y de cansancio. Que nos quiten lo bailado —o lo procesionado—. Porque en Zamora, ser anfitrión de alta esfera significa terminar la semana con la plata reluciente, el corazón lleno de marchas fúnebres y el cuerpo pidiendo clemencia mientras vemos, con mezcla de amor y alivio, cómo nuestros familiares, amigos y viceversa enfilan por fin el Alto de los Curas. Nosotros nos quedaremos aquí, en silencio, con nuestro peso de más y la satisfacción de haber cumplido con la Corte. Feliz Cuaresma y Prospera Semana

4/03/2019

Y volvió a discurrir por las calles de Zamora

Y volvió a discurrir por las calles de Zamora

Y volvió a discurrir por las calles de Zamora. Una gran cantidad de fieles, flores y la alegría de una nueva vida… En la mañana de Pascua sólo se escucha un grito: ¡Cristo ha resucitado! El eco de este acontecimiento, que surgió en Jerusalén hace veinte siglos, continúa resonando en nuestros días, después de comprobar en las primeras horas de la mañana que el sepulcro habita vacío.

Zamora ve el discurrir de la cofradía de forma primorosa. Los zamoranos fueron contagiándose de ese caminar rompedor, sereno y con la fuerza que Jesús Resucitado imprime diciendo, ¡Aquí estoy¡¡ soy yo, el que partía del pan y compartía el vino, seguidme por la rúa, que vamos a buscar a mi Madre. Ese transitar casi concéntrico del desfile, dibuja un corazón, trazado al unísono con alegría y dolor, un dolor, el de la Madre y la emoción desbordante de ver a Jesús por encontrase con ella.

Y volvió a discurrir por las calles de Zamora…. Pasaron los días, el estío, el frío… y la vida continúa en nuestra ciudad. Lamentablemente, el subidón de arranque por la Resurrección no aguanta. Nuestras fuerzas flaquean. El aleluya pascual contrasta con los lamentos y el sufrimiento diario. Son muchas las situaciones dolorosas: La soledad, la diáspora, el paro, las enfermedades, las ausencias y más soledad.

Esta tierra nuestra del otro lado del río, reclama lo suyo. No cesa, no se cansa, siempre quiere más, nunca se satura. Y va poco a poco convocando a los nuestros; Paquita, Gabino, Luis, Salvador, Jacinto, Tomas, Miguel, Eugenio… que tantos años con tanto agrado y gratitud se disponían para acompañarte. Ahora ya caminan delante de nosotros. Nosotros enmudecemos entre lágrimas.

Yo sé, que estos y otro hermanos nuestros, ya están a tu derecha, que su vara floreada te hizo distinguirlos. Es la rúbrica que nos distingue, somos gente entusiasta, con ganas de vivir, de ver la vida con optimismo y sobre todo con una Fe que nos arropa en las adversidades. Esta Fe se basa en el testimonio de los que un día vieron la losa removida y el sepulcro vacío.

El Encuentro en La plaza volvió a abarrotarse para contemplar esta cita majestuosa, propio de reyes, con baile principesco. Es la Sobriedad que huye de la mediocridad, que unos días antes condenan a Jesús bajo el silencio de Poncio Pilatos. Es el Encuentro que da sentido a la Fe. Cientos de personas son testigos del momento cumbre, cuando la Virgen deja su manto de luto y saluda a su Hijo. Es la fuerza de la Fe en evocación teatral.

La bajada por Balborraz es una explosión popular de alegría que se manifiesta en una de las celebraciones más multitudinarias y coloridas que como dice la canción suena a despedida. Mayores y niños dan las últimas carreras en la cuesta, quieren ver la entrada de la Virgen del Encuentro y Jesús Resucitado en Santa María de la Horta. Es el último cartucho de Fe que clausura una Semana Santa llena de belleza y Verdad.
Feliz Pascua a todos.

3/05/2018

Virgen del Encuentro, Virgen de la Vida




Veinticinco años en Zamora pueden ser poco o mucho, según para qué. En el mundo de las congregaciones, teniendo en cuenta la historia de nuestra cofradía, la cifra se queda corta. En estos años y gracias a las distintas directivas, la cofradía de la Santísima Resurrección ha experimentado una de las mayores explosiones de aceptación y seguimiento. En este 2018, la Resurrección recuerda el 25º aniversario de la primera salida de la Virgen del Encuentro que contribuyó a este auge que hoy disfrutamos.

Nuestra Virgen del Domingo de Resurrección no necesita, coronaciones, exaltaciones o procesiones extraordinarias. Ella es de la periferia, que como dice su Santidad El Papa Francisco: “Es allí en el extrarradio donde encontramos el rostro de Cristo”. Dios resucita en las periferias. Nuestra Virgen vive y nos ubica cada primavera en el contexto y en la mentalidad de los extramuros, para caminar detrás de su hijo. La acompaña el pueblo, no hay nunciatura, ni alcaldes, sólo curas de parroquias lejanas, y todo un señero de gentes buenas.

Ella, quizá por esa dualidad del hijo perdido y de la alegría de la Resurrección en su rostro, no es la más bonita, ni la de mayor fervor, ni devoción, ni la de más predicamento. Es muy difícil expresar en un rostro sentimientos paradójicos. Y si añadimos que se muestra sin gemas y ágatas recubiertas de hilos de oro y plata… ¿Quién se fija en ella? Pues nada más y nada menos que Jesús Resucitado. Que no quiere ni llantos, ni lágrimas, ni caras descompuestas. Nos quiere a nosotros llenos de vida.

Ella es la que escucha nuestras plegarias de dolor, de injusticia, las de la ignorancia, las de petición de trabajo, los cortes de luz, las del pensamiento, las de toda miseria… es nuestra comunicación con la Verdad, y lo hace en actitud jubilosa al encontrarse a su Hijo. Pese a todo, ama la vida de una manera desmedida, siempre está dispuesta a todo lo que se le ponga por delante por ayudarnos.

Ella es Amargura, Esperanza, Dolor, Soledad, pero sobretodo es reveladora de unos brazos abiertos que nos acogen antes las adversidades que esta tierra nos depara. La Virgen del Encuentro es un estilo, una forma de enseñarnos a mirar, a entender, a amar. No olvidemos nuestro origen y superémonos día a día. La música que acompaña a la Virgen son sintonías de despoblación, huida, éxodo y que por primavera nos congregan, estemos dónde estemos. Oí decir a más de uno "Estaba deseando regresar, no podía más fuera de Zamora”. Año tras año, respondemos a su convocatoria en procesión popular mirando su gozo.

Te conmemoramos de forma discreta, sin procesión extraordinaria, teniendo asimismo el recuerdo de fidelidad a los hermanos que te cargaron sobre sus hombros, y de los que te acompañan desde las fila. Y lo haremos con una ofrenda floral en nuestras varas, llenas de júbilo vehemente de ver el misterio de la Resurrección.

¡Feliz Cumpleaños¡



3/02/2018

CORRIÓ LA PÓLVORA QUE ANUNCIÓ LA PASCUA


Benditos los percales, terciopelos y las estameñas que un día nos  cubrirán. Con ellas los zamoranos paseamos por todas esas esquinas donde se quieren rozar.  Asumiremos la muerte con esperanza, sin deudas de odio porque Jesús,  es la Puerta.
La Semana Santa 2017  cerró   con un  testimonio; El sepulcro vacío en el que ya no estaba el cadáver de Jesús. Los testigos  afirmaban haberse encontrado verdaderamente con Jesús Resucitado  por las calles de Zamora. Incluso, dicen que se paró  en  la Plaza de Fray Diego de Deza. Quiso saciar la sed, que le negaron. Antonio, ven, dame de beber.




  A su paso por nuestra ciudad, desde los gremios artesanales hasta las altas rúas  la gente se agolpaba  y Él,  cubierto con  capa escarlata, insignia de príncipes soberanos,  saludaba  y  decía: “La paz sea con vosotros”. Y dicho esto  mostraba las manos y el costado.  El rum rum  corría por las correderas,  todavía luto. ¡Resucito, Resucito¡ Cada vez se unen más, quieren verlo.
 En la plaza Mayor,  María, se arrastraba,  atrás queda su discurrir por el Piñedo. Transita con  su fiel  Guardia Civil sobre un pavimento de  flores blancas, que Miguel pone en su camino. Quiere descansar. No puede más. Le duelen las entrañas. La mañana es fría. Encogida, la Virgen se refugiaba en una capa negra, que un tal Luis le cedió, conmovido por el  tembloroso aspecto de la Madre de Dios.  Realizó el recorrido hasta el Ayuntamiento   en volandas, casi en éxtasis, se coloca a la derecha del consistorio  para recibir el pésame. La Banda del Maestro Nacor Blanco armonizaba          “Mater Mea". Su Dignidad la impedía asentarse en la plaza. Se mantuvo en pie gracias  sus fieles cargadores.  Sólo la pericia de estos permitió sortear la multitud de gente que flanquea  la plaza.
Enterado  el Ayuntamiento  del revuelo levantado por la presencia de Jesús Resucitado, envía  a la Policía Municipal con uniforme de gala. La Resurrección de Jesús no tiene una explicación natural, sino que es un puro don.   En La Plaza Mayor se arremolina la gente,  hay desconcierto, es  plaza de  vida, se llena  flores.  La multitud se agolpa. El día acompaña, ¡hay más gente  que nunca¡. Atrás, atrás. Que llegan las cortejos, abrid paso, por favor¡.
 La Virgen se gira, y lo ve, en ese momento corre la pólvora en la plaza, estruendo de cohetes, disparos, música, campanas,…volvió a la vida. La Virgen se despoja de su luto y pide ayuda, vestidme  como siempre, con júbilo. ¡Es mi hijo! ¡Corre, corre¡ dile al tamborilero  Cuadrado, que anuncie ya la apertura de un nuevo tiempo, el de la Primavera.  Es Pascua, el  paso de Jesús de la muerte a la vida.   Zamora fue  unida bajando por Balborraz hacia La Horta.
La Pascual es tiempo de gozo, que se asienta  en el corazón del cristiano. Las puertas de la Iglesia se han cerrado.  La cruz de guía de la Resurrección cruzó el dintel de la iglesia Santa María de la Horta. Ya ha terminado  la procesión bajo los sones  del Himno Nacional.
Los pasos de Cristo Resucitado y de la Virgen del Encuentro  ya están tapados. La vara niquelada, rematada con imagen del Resucitado… guardada.
El jolgorio está en la calle, no hay quien lo pare, la gente quiere más. Debemos comportarnos,  es Jesús Resucitado.  Participa con nosotros, pero no abusemos de Él. Porque Cristo vive aunque este tapado y  es un ejemplo maravillosos. No lo estropeemos. Subamos con son y tono pero no con  escarnio, afrenta. Los Cristianos  en otras países  saben bien que el derecho más importante de un ciudadano en un país libre es el poder expresar sus pensamientos y demostrarlo de una manera pacífica, y respetuosos.  Debemos  respetar  y cuidar todo el conjunto de símbolos que  identifica nuestra Semana Santa, es una manera de apreciar y sentirnos orgullosos de  una Semana Santa definida por la austeridad, silencio y oración y también, por el respeto a nuestras imágenes.
Jesús resucitó con su cuerpo pero a una vida no ya de este mundo, sino en Dios. Así realizó en él lo que sucederá al final del tiempo a todos los hombres.

Fotografía. La Opinión de Zamora

3/16/2017


Alborada




Una vez finalizado el desfile del 2015, como todos los años tuvimos la reunión posterior. En ella siempre surgen la autocrítica,  la reflexión, las dudas, los fallos, los aciertos, etcétera. De entre todos los acuerdos, decidimos  que la cofradía renovaría los cordones  portadores de la medalla, almohadillas de los banzos, y dispondría de un paño de difuntos o pendoneta para el próximo desfile.

Como  muchos  zamoranos, todo lo relacionamos con nuestra Semana Santa.  Pues bien, un día de octubre cuando nos dirigíamos a la localidad de Madridanos, para celebrar el día de la provincia e invitados amablemente por la Diputación Provincial,   no sabíamos que encontraríamos el broche especial a nuestra Semema Santa en forma musical.
Entre todas las actividades  que estaban previstas, anunciaron la presencia de  Manuel Alejandro López, director de la Banda de Zamora,   el folclorista Luis Antonio Pedraza  y el autor  musical el instruido David Rivas.

Sonó la música en aquel momento. Se unía lo formal y lo tradicional. Sonreímos. Nos despertamos con la majestuosidad de la tierra.  Parece que en ese instante vimos con los ojos cerrados, cómo  la piedra del sepulcro giraba y despuntaba  la Vida. Dejando atrás  mortajas, vendas y  un capillo gris.  Soñamos en ese preciso momento, en Madridanos,  que de aquel catafalco de pobreza  y desolación resurgía con  armiño y solemnidad gracias a unas notas musicales. Era octubre, cuándo todo cae, peros los acordes nos trasladaron a la primavera. Llegaron  las flores en plena marchitez. Acaecía el cierre musical que siempre soñábamos y que se nos resistía.

Lo presentimos, Lo sentimos,  El corazón nos llamó. Hubo miradas cómplices.  Nos fuimos a Marzo. Se cruzó la música de la Resurrección, y allí, vimos como La Virgen  iba tras su hijo, triste y emocionada.  Unos pasos detrás de ella, la comitiva que desfiló el viernes Santo, a cuyos hombres  entregaron los restos inertes  de Jesús de Nazaret.  María no pudo contener las lágrimas. La notamos derrumbada, saliendo de San Vicente, suplicando al cielo, con un nudo en la garganta y le sintió más cerca que nunca sobre su regazo. Gritó ¿Por qué yo?

 A los tres días, después de girar la losa, un  remolino de gente se separa en señal de respeto y honor.  ¡Qué pasa! Se abre paso en la plaza a la Majestad. La ceremonia y la precedencia.  Nos indican que algo grande pasa. La Madre  en su soledad, se despoja con fuerza y decisión de aquel manto negro. Un movimiento instintivo, rápido, aunque no atropellado. La tierra  le había devuelto con vida al hijo. Salió corriendo hacia Él. Tras el saludo, ambos, de la mano y al unísono decidieron  enseñar el camino, con los sones de nuestra tierra. Allí estaba  la novedad, una  pieza musical.  “La suite sayaguesa” y para la ocasión, una alborada. Elegida por su carácter solemne. Una pieza mañanera en honor a la realeza. La Verdad se presenta  en loor de multitudes  con el brazo en alto en señal de Victoria. Es La Resurrección, el comienzo de un tiempo nuevo.


La luz  con la que amanecemos cada Pascua de Resurrección tiene los ocres fuertes de las tierras de Zamora. Quizá, sin saberlo, El Soberano quiere que lo escuchemos mejor. Que lo comprendamos. Quiere  llegarnos. La flauta y el tamboril  se unen con  los imperiosos y poderosos instrumentos de cuerda,  percusión y viento de la solemne banda para que escuchemos bien su mensaje. Anuncian la alborada, el Grande entra en Zamora Triunfante.

Los cargadores, orgullo de toda familia zamorana, casi incapaces de terminar, están ya en la plaza. Físicamente  muy mermados,  a punto del desaliento. Miran entre las rendijas… En ese momento, aflora ese sentimiento de cargador. Entre los banzos  y como último esfuerzo surge  ese: ¡Vamos¡. La devoción, la penitencia y la familia van en sus hombros. La ilusión es máxima.  La impresión es aún mayor porque representa toda una novedad. Ayudados y acompañados de los compases, con estilo, poderío y cadencia, como los buenos vinos de Toro, caminan  juntos Jesús Resucitado y María, culminando  su Encuentro en la Plaza.

La Plaza Mayor, residencia de todos los zamoranos, esperaba sola y   sombría. Los casi dos mil hermanos, presurosos abrieron  un hueco para que Madre e Hijo avanzaran. Rozando las once y media, Jesús Resucitado  entró triunfal en la plaza, La música comenzó. Todos estábamos  algo nerviosos. ¡Sones nuevos! Nuestro silencio cómplice y arriesgado.  Sabíamos que encajaba, pero… Comienzó el baile de los pasos. Ese primer silencio eterno de sorpresa fue seguido y  acompañado por  las caras  de alegría  que se sumaron al ritmo. Un Aleluya Terrenal.

Después,  el  momento más relajado del día y quizá de toda una semana, todo un año.  Hubo miedo, pero también determinación y decisión. Nuestra Presidenta, lo vio claro. Se dejó aconsejar de quien sabe. Qué difícil es a veces.  Logramos  con gran esfuerzo contener las lágrimas al igual que el resto de la directiva de la Santísima Resurrección, pues la emoción se ha dejado palpar en el ambiente. Jesús Resucitado sube triunfador desde Santa María de la Horta. Nos llama puerta por puerta por toda nuestra ciudad, y ahora con sones  de alborada. Gracias, mereció la pena el arriesgar.



Publicado en la revista fondo,
https://issuu.com/semanasantazamoraorg/docs/fondo_2016

1/27/2015

Lo que llevas  no debería ser determinado por lo que piensen los demás

            Tengo dos lemas en la vida que intento seguir, más bien dos dichos o frases que me gustan; una es: “Lo que no quieras que te hagan, no lo hagas tú”  y otra: “Deja que los demás sean mejores que tu”. Siempre puedes aprender de ellos, y  puedes decir que son tus amigos, creo que muchas veces nuestra riqueza está en poder aglutinar a gente distinta, estupenda y fascinante a nuestro  alrededor.

 He conocido gente súper valiosa en su ámbito profesional y personal. Gente que en la cercanía es fantástica. Quizás, muchos de ellos sin saberlo (la mayoría). Suelen coincidir todos ellos en  una cosa: nunca piden nada.  No utilizan a las personas como herramientas para conseguir sus objetivos, sino que simplemente te respetan y te cuidan. Suelen ser tímidos y algo retraídos en el ruido, pero cercanos y expresivos en el silencio, eso sí, demostrando tener una gran personalidad, por eso están cerca, jamás te  juzgan.

Son  gente directa, no tienen nada que temer ni esconder, no hay doblez de papeles.  No pretenden  vendernos algo, o hacer un buen contacto para el futuro o presentarnos a un familiar que necesita un cable. Si lo necesitan lo piden. No son gente de peana.

            Me  gusta la  gente que aporta luz. He aprendido que no se puede juzgar a la gente ni por anticipado, ni por apellido, ni por disciplina… su camino lo trazan con su discurrir mundano. Las personas  caen bien por las huellas dejadas, por ser  afables y cercanos. ¿Quién no conoce algún  gánster/ delincuente/ geta/ aprovechado de cuello duro? Yo alguno conozco. Y ¡¡¡qué miedo!!!

Reconozco que me encanta pavonearme cuando me rodea un clima de surrealismo. Pero esto raramente sirve para nada más que para sentirnos mejor con nosotros mismos…no van a ser  todo desgracias, un poco de vanidad nunca viene mal.

Aunque la primavera  se supone que debe estar en camino, el frío ha roto aquí en Zamora con fuerza. El invierno arrasa. Vestirse es cada vez monótono y estoy listo para cualquier cosa que pueda hacer para animar las cosas un poco. Una corbata hecha de algo que no sea el tradicional tejido de seda,….busco algo para añadir profundidad, textura, color a cualquier cosa que de  luz y calidez al invierno.
Tuve la suerte de pasar unos días en Madrid, me anticipé a comprar una capa muy  peculiar y personal  con un tejido fantástico. - las prendas se compran, no se cogen-  que algo de calor y sobre todo color me aporta, a este duro invierno de nieblas y frio.  Uno no tiene que ser alto o guapo para ser chic o elegante: la confianza, el coraje, el encanto  y la amistad van dentro  de esa capa, no me juzguen por mi aspecto de Sherlock Holmes, sino por mis actos. Abre esa capa y encontrarás… estoy deseando que  pase esta ola de nostalgia y aburrimiento que me azota y que ha encontrado su punto más alto con diez días seguidos de niebla. ¡Ya queda menos!

 Y esa gente jamás me juzgan, más bien me arropa y da tanto calor como la capa.
 ¡Así estoy hoy!.

4/08/2014

Ya es la hora


Ya es la hora de disponer nuestra alma al servicio del Señor, un año más, lo hacemos en  silencio, con espíritu crítico y mirando hacia la Misericordia de  Jesús Resucitado. Ese que sube triunfador desde Santa María de la Horta. Nos llama puerta por puerta por toda nuestra ciudad. Nos busca a todos.

Nos preparamos para revivir y escenificar  la  pasión  y muerte por nuestras calles y rúas. Hagamos reflexión, revivamos también esta pasión en nuestras vidas.  Es hora de balances, esos debes y haberes del año. El barro está sin forma. Como los buenos artistas, alejémonos. Veamos cómo fue ese diseño. Recompongamos la figura, es el momento. Todavía hay tiempo de levantar esa mirada erguida. El barro sube  si tiene buenas manos.

¿Quién de nosotros está dispuesto a ceder algo por el prójimo? Yo la mayoría de los días, no. Es así.  A veces, tengo un punto místico y lo daría todo, pero es un instante….rápidamente  aparece la vanidad, la soberbia… Es la hora  de pensar en  otros y en nuestros actos. Qué estoy dispuesto a dar, o  mejor, ¿estoy dispuesto a facilitar la vida a los demás? No lo creo, solo de forma pasajera.

Tantas veces  paseo con vértigo por las aristas de la vida,  me la juego en cada instante. Ahora, ya no tengo miedo a caer. Y si  caigo, me ayudarán a levantar.  Siempre por Balborraz alguien me dejará un brazo. Ya es la hora de no estar con los  brazos cruzados. Es  hora de cerrar los ojos y  coger mi cruz. Tú la tuya, la del desaliento, la desesperanza, la del abandono…. Pesa en nuestros hombros la cruz de la fidelidad a vuestra ley, Señor. Y a veces las fuerzas parecen faltarnos pero siempre, siempre nos das una Esperanza.
¡Cuántas lagrimas! Detrás de ese caperuz rojo, morado, blanco, negro… Señor, dadme la gracia de llorar con un arrepentimientos profundo, en esos momentos en los que  vacilé y  en los momentos en que caí, en los que recordamos a los que nos precedieron y  la tierra se estremeció. La desolación cubrió todo el universo.
                Cuando el domingo despertemos sobresaltados con cohetes y tracas,  dejaremos a un lado los capillos.  Desayunamos churros, pastas y aguardienete. El día es largo  y la  generosidad aún mayor. La alegría  tiene la cara descubierta.  El Llanto es ya perdón y sabemos que triunfará. Aquí dejaremos las estameñas y percales junto a nuestros cuerpos corruptos. La luz  con la que amanecemos cada Pascua de Resurrección tiene los colores  fuertes de las tierras de Zamora. Los sones de la flauta y el tamboril de nuestra tierra  que nos despiertan  gritando  ¡Victoria!. Nos percatamos de  olores nuevos, a lilas, tomillo y romero de nuestros campos, que nos dicen que la muerte ha sido derrotada. Ya es la hora



Foto de Horacio Navas Juan